sábado, 25 de agosto de 2012

Deal.


"Ese lugar es para los que tienen alma de albañil aunque este en el corazón de la Condesa", le dije. No dudo un segundo en pedirme que lo llevara a conocerlo, obviamente, no dude un segundo en decirle que si. " Solo una advertencia, tienes que dejar fuera tu estrés y tirar las cascaritas de los cacahuates al piso lleno de aserrín". Sonrió.

(Sonrió y se le ilumino la mirada, iluminó la mia.)

No paramos de bailar aquella noche. He de aceptar que aunque los tiempos siguen corriendo rápidamente(volando, diría yo) , aún me resisto a cambiar la manera de bailar que él me enseño. Aún así, bastaron un par de canciones para que pronto me contagiara de su ritmo cadencioso, su bellisima sonrisa ladeada (suspiros míos la preceden) y su singular estilo de hacerme reir cada que nos equivocamos y me tuerce por completo el brazo. Es el único que se impone al bailar, sus brazos marcan con fuerza los giros que me levantan el vestido, mientras sus labios tararean o francamente gritan la canción. Sus ojos entrecerrados me hacen querer acercarme y pegar mi cuerpo al de él. Me gusta hacerle sentir mis dedos aferrados a su espalda, mientras sus manos acercan mi cintura.

Habrá que darle tiempo. Esto de bailar es como la vida, mientras mas te resistes mas te coge. Es cuestión de soltar las riendas que nos atan a lo seguro y solito el cuerpo afloja.

La pinche manera en que sus ojos se iluminan al sonreir me tiene apendejada.
Perdón, yo no elegí volver a caer.


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