Ayer me preguntaron por ti. Fue una pregunta directa de uno de mis
mejores amigos. La noche cálida, el sudor escurriendo por el cuello y el escote
que enmarcaba ese vestido que tu me regalaste, después de bailar y reír. Me di
cuenta que otra vez sonrío todo el tiempo.
Quise explicar
como pude que entre tú y yo hay más amistad que amor, y que lo que hay entre
nosotros nada tiene que ver con este último.
Ellos te miran y
desconocen lo importante que eres para mí. Ocasionalmente yo misma te miro y
olvido lo insólito de nuestro encuentro, ese toque de magia y de ternura que le
das a mi vida.
Ellos te miran y
ven a un hombre que les parece poco mundano y de seriedad excesiva. Yo,
que he visto como sonríes con tus ojos y como explotas cuando ríes, sé que tu
carácter es fluctuante.
Me gusta decirle a
los otros que tu voluntad me tiene sometida porque nunca antes alguien con
tanta ternura me había cuidado cuando con las alas rotas quise renunciar a mi
sueño, a ti, a mi misma.
Me gusta decirles
que haces de mi lo que quieres porque fui yo quien cuido de ti cuando así lo
necesitaste.
Creamos tormentas
cuando peleamos porque aprendimos juntos que la vida nos cambia en un segundo,
que para enamorarse basta una noche de alcohol y que para separar a dos amantes
no se necesita más que un sueño por cumplir.
Aprendiste a leer
en mis ojos la fortaleza que me dejo el corazón roto. Aprendí a amar la manera
en la que me miras cada vez que hablo apasionada de lo que disfruto. Tu mirada
me hace, me construye, me llena y me exacerba la esencia. Disfrutas como hablo
de ti, como eres lo que yo he soñado llegar a ser, sabes y disfrutas el hecho
de que me considere(n) tu creación.
Es inconstante
nuestro fluir, algunas veces por ti, algunas veces por mí. La mayoría por el
alcance de nuestros egos que nos permite estar lejos y en silencio por largas
temporadas. La distancia, de hecho, nos sienta bastante bien, son nuestros
mejores momentos, cuando al extrañarnos, nuestros corazones se ablandan y piden
al menos oír la voz del otro.
Nadie en esta vida
ha creído en mi como lo haces tú: incondicional, leal, constante y sonriendo.
Nadie. Y ese milagro no sé como sucedió. Solo me di cuenta un día mientras
rodeabas mi cintura y te acercabas a mi oído para decírmelo. Cada noche, cada
mañana me lo recuerdas, crees en mí y necesitas que yo misma lo haga. Eres mi
inspiración.
Callo ante los
demás cuando hablan de ti, porque ¿de qué manera explico lo grande que eres? ¿Cómo
manifestar la ternura que has tenido conmigo en mis peores momentos? ¿Seré
capaz de expresar con palabras la pasión que las noches de alcohol nos brindan,
de cómo enloquecemos al tenernos cerca? ¿Quién, que no sea cirujano, entenderá
la maravillosa sensación de operar juntos?
Ellos te miran y
piensan que no eres para mí, yo te miro y lo confirmo. Te miran y te comparan
con el que estuvo antes de ti. Te miran y te desconocen. Me preguntan por ti,
quizás por compromiso. Me preguntan por ti, sabiendo que eres un
capricho.
Ellos te miran y
yo los observo. No hay manera de que sepan cuan importante eres para mi. Ni yo
misma lo sé hasta esta noche en que te escribo. Decido conservarte en mi vida y
decido que prefiero tu mirada de admiración sobre cualquier otra. Más que tu
amor quiero tu complicidad. Y eso no estoy dispuesta a negociarlo.
Mon chirurgien, mon créateur.
Rester dans ma vie.
Eixha.
No hay comentarios:
Publicar un comentario